¿Cuánto valen las Malvinas?

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26.01.2019 a las 18:22 hs 12 63 0

¿Cuánto valen las Malvinas? Los intentos fallidos para resolver la disputa por medio de dinero


La reciente salida a la venta de una isla en las Malvinas vuelve a poner sobre el tapete una antigua prohibición para que los argentinos no puedan comprar tierras en ese archipiélago. Aquella veda lleva años de vigencia y recuerda varios intentos fallidos de los argentinos por convertirse en propietarios de las tierras isleñas.



Entre la pompa que rodeaba la asunción de la Reina Elizabeth II de Inglaterra en junio de 1953, se disimulaba la presencia del enviado argentino intentando recuperar las islas Malvinas por medio de un trato comercial. El vicepresidente de Juan D. Perón, el almirante Alberto Teisaire, había viajado con una misión tan secreta como crucial: iba a intentar una jugada política que podría devolver las islas al control argentino.



Entre desfiles y besamanos, Teisaire se reunió discretamente con los funcionarios del Foreign Office en el hotel Park Lane de Londres para ofrecerles la compra de la Falklands Islands Company en nombre del gobierno argentino. Expresó claramente que la cifra que pudieran pedir los directores de la FIC no era un problema, dado que Perón estaba dispuesto a pagar lo que fuera para hacer la transacción. Un sondeo previo con los propietarios de la compañía lo había alentado a presentar la idea a las autoridades británicas.

Desde el comienzo del siglo XX, la FIC era la dueña de la vida cotidiana malvinense. Controlaba el 60% de las tierras de las islas y de millones de cabezas de ganado ovino, manejaba el negocio de esquila y comercio lanar que dominaba la economía local, administraba el único servicio de transporte naval que comunicaba regularmente al archipiélago con América y Europa, el almacén central de la capital isleña y digitaba la vida política de las islas a través de sus capataces y asociados. De manera que comprar la FIC, equivalía a hacerse con el control de las Malvinas.

La respuesta que recibió Teisaire fue calculadamente grosera. Luego de elevar la propuesta al primer ministro Winston Churchill, el secretario de asuntos americanos, Kenneth Pridham, le transmitió que el gobierno británico rechazaba cualquier posibilidad de compra de la FIC por parte de un argentino y luego le hizo saber que además estaban molestos por lo que consideraban una afrenta protocolar: el almirante había acudido a la ceremonia de asunción con un atuendo inapropiado y sin todas sus medallas como lo exigía la tradición del palacio de Buckingham.

A los funcionarios del gobierno inglés todavía les duraba el efecto de un incidente en la Isla Decepción a inicios de ese mismo año, que involucró un desembarco argentino para establecer una modesta presencia de dos oficiales militares y el posterior desalojo llevado adelante por marinos de la fragata HMS Snipe. Churchill, además, tenía un encono casi personal con Perón, al que consideraba un líder fascista y no tenía problemas en expresar públicamente su deseo de verlo fuera del poder.


Maniobras privadas (O casi)


Cesar Cao Saravia era un empresario metalúrgico argentino vinculado a los sectores nacionalistas locales. Su interés por el tema Malvinas se remontaba a septiembre de 1966, cuando ayudó a financiar la "Operación Cóndor”, que consistió en el secuestro armado de una nave de Aerolíneas Argentinas y su posterior aterrizaje en un hipódromo de la capital de Malvinas. El jefe de ese operativo, Dardo Cabo, era uno de los tantos jóvenes nacionalistas que luego terminaría militando en Montoneros. Luego de erigir banderas argentinas en torno al sitio del aterrizaje, los jóvenes nacionalistas entregaron sus armas y fueron regresados al continente. Saravia conservó por años una de las banderas que Cabo le trajo de regreso luego de su aventura isleña.



Dispuesto a contribuir para traer de regreso las islas a la esfera argentina, en 1977 Cao Saravia usó el Banque Occidentale para hacer una oferta de compra a los propietarios de la FIC por diez millones de dólares. La caída del precio de la lana y el alza de los costos de operación en Malvinas habían conducido a la compañía a una delicada situación financiera. Aquella oferta era la oportunidad ideal para deshacerse de una empresa que casi no dejaba ganancias y cuya administración se dificultaba por la distancia y la falta de infraestructura en las islas.



Para ese momento, el paquete accionario de la FIC era propiedad del grupo Charringtons Industrial Holding Locket y se sabía, por los balances, que sus operaciones en Malvinas se habían convertido en un dolor de cabeza financiero.

Francis Mitchell, el presidente de la FIC, tardó en contestar a la propuesta porque, para realizar la operación, debía pedir permiso al Foreing Office. Desde la década anterior, la empresa estaba incluida en un listado de compañías consideradas como “de interés nacional” cuya venta debía ser autorizada previamente por el gobierno.

Previsiblemente, la propuesta de Cao Saravia fue rechazada a pedido del gobierno británico por considerar que podía afectar los intereses de la corona en el Atlántico Sur. Los ejecutivos de Charringtons IHL venían de rechazar otra oferta similar realizada por otro empresario argentino en ese mismo año.

Se trataba de Francisco Capozzolo, un hombre cercano a los jefes de la dictadura militar, tal como lo revela Daniel Enz en su libro “Doble vida”, dedicado a describir la vida del empresario. Su principal contacto era el general Albano Harguindeguy, el ministro del interior a quien consideraba su amigo personal.

La propuesta de Capozzolo difería de la que había realizado Cao Saravia. En el primer acercamiento que hizo con los hombres de Charringtons, el argentino les ofreció 10,5 millones de libras por el control del 55% de las tierras malvinenses que poseía la FIC. Para evitar que la propuesta fuera percibida como un intento meramente argentino, Capozzolo se asoció con la francesa Gilberte Meaux y el británico James Goldsmith. Pero, en los papeles, se le aseguraba a Capozzolo que iba a ser el controlante de la operación en la primera década, por medio de una de sus empresas basadas en el Banco Tornquist en Buenos Aires.



En realidad, los 2,5 millones de dólares que aportaba Capozzolo para entrar en la operación estaban respaldados por un garante de envergadura: el entonces ministro de economía Alfredo Martínez de Hoz había designado a Benigno Pastore, funcionario de la misma dictadura, para que le reembolsara el dinero que fuera usando en la tarea de comprar tierras malvinenses. Todo este entramado era seguido con atención por los agentes del servicio secreto británico que operaban en Buenos Aires.

Capozzolo se movió con extremo cuidado para cerrar el trato. Incluso viajó a Londres en donde cenó con la jefa de la bancada conservadora y su esposo, en donde recibió un aval para la operación, aunque con una advertencia que aquello no iba a implicar un reconocimiento de la soberanía argentina. Sin sutileza, la futura primer ministro Margaret Thatcher le advirtió al argentino que adivinaba el propósito de su maniobra.

Pero todo el armado de Capozzolo se arruinó en cuestión de días. El 3 de marzo de 1977, el diario porteño “La Opinión” reveló los detalles de la operación y, en pocas hora, la novedad fue reproducida por la prensa británica, que presentó el caso como una inminente cesión de la soberanía de las islas. Y, en cuestión de horas, el Foreign Office se ocupó de adelantar a los periodistas que nunca se aprobaría la venta de una porción o el total de la FIC a Capozzolo y sus socios.



Al mes siguiente, el diario La Opinión fue intervenido y su director, Jacobo Timerman, pasó de ser un aliado de la Junta en los medios, a ser considerado un enemigo de la patria. Transcurrió los siguientes meses en manos del jefe de la policía bonaerense, el general Ramón Camps, quien lo sometió a un suplicio para que confesara ser parte de un plan sionista e inglés contra la Argentina.

Capozzolo buscó nuevamente comprar una porción de la FIC durante los primeros días de la Guerra de Malvinas en un intento desesperado por acercar una solución comercial antes que se desatara la batalla. Recibió una negativa contundente de parte de aquella Dama de Hierro con quien compartiera una cena unos años antes.


Se vende (argentinos abstenerse)


Luego de la guerra, el gobierno británico aumentó la autonomía política de los isleños. Un Concejo formado por habitantes de las islas adquirió la potestad de oponerse a la compra de tierras o empresas de Malvinas por parte de extranjeros. Por supuesto que hubo transacciones a favor de personas y firmas extranjeras, pero ninguna de las que se realizó fue concretada por un argentino. En 1999, una empresa relacionada con el diplomático Conrado Etchebarne hijo intentó comprar una isla en la zona. La venta fue trabada por el Concejo. Ni siquiera la “política de seducción” desplegada por el menemismo había logrado horadar la negativa de los malvinenses.



En septiembre de 2004, los islotes Brandy, Rum, Whiskey y Sea Lion Estearly, que pertenecían al isleño Robin McGill, fueron adquiridos por el Antarctic Research Trust, una ONG con sede en Suiza. El Concejo dominado por Mike Summers, el habitante que encarna a los sectores más ácidos frente a la llegada de argentinos, apoyó que se aprobara la compra y los permisos de explotación de las tierras.

En marzo de 2017, el empresario argentino Eduardo Elsztain probó suerte con una operación más compleja. Por medio del fondo Dolphin Fund Limited con sede en Uruguay, ofertó 37 millones de libras por el 90% de las acciones del Falklands Islands Holding, nuevo nombre con el que es conocida la FIC desde hace una década. La oferta fue hecha al fideicomiso Staunton manejado por la familia Rowland, controlante del FIH.

Dos directores de la FIH relacionados con los Rowland votaron en contra de la venta, luego de que la prensa británica volviera a cargar contra lo que consideraban un intento de desembarco argentino en las islas, esta vez por medios económicos.

Pero, además, en el fragor de los debates que se generaron en Malvinas al saberse de la operación, el grupo de malvinenses que rechazan con mayor fuerza cualquier cambio en el statu quo, dejaron en claro que los permisos de operación que harían viable cualquier emprendimiento en las islas son otorgados por el Concejo, al cual dominan. Esa amenaza había sido desplegada antes, en cada insinuación de acercamiento inmobiliario con la Argentina continental.

La promesa de un boicot económico y una nueva negativa del gobierno británico a apoyar cualquier operación que involucre un argentino como propietario en Malvinas, hicieron que el intento de Elsztain fuera otro fracaso.

Días atrás se supo que, en razón de la crisis económica que vive la economía malvinense, un hecho crónico y poco conocido en el continente, se había puesto en venta el título de la Pebble Islands, conocida como “Isla Guijarros” en la cartografía nacional. El terreno de 10000 hectáreas es propiedad de Claire Harris, descendiente de uno de los primeros colonizadores británicos de las islas.

En Argentina se especuló con la posibilidad de que fuera adquirida por algún argentino, con la vieja idea de comenzar a hacer presencia permanente en un territorio que estuvo vedado por siglo y medio. En las islas ya se encargaron de recordar que los posibles compradores extranjeros pueden sentirse libres de hacer una oferta, siempre y cuando no sean argentinos. Porque negocios son negocios, salvo que el orgullo nacionalista se interponga.

Por: Ignacio Montes de Oca

Edición: Julieta Monge Molina

Fuente: https://eliminandovar.com/2019/01/cuanto-valen-las-malvinas-los-intentos-fallidos-para-resolver-la-disputa-por-medio-de-dinero/


Yo no comprender mucho español todavía

Posteado por:

Ivan_Drago

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